miércoles

El deporte, la gran afición de los estafadores


¿Qué sabía el multimillonario texano Allen Stanford, protagonista de una estafa de 6.400 millones, de críquet? Este deporte tiene fama de ser incomprensible para todo el mundo fuera de sus reductos ingleses, australianos, indios y caribeños. Sería difícil concebir algo menos texano que una competición lenta y gentil, en el que el atuendo y las pausas para tomar té son tan importantes como el resultado en sí.
Y aun así, Stanford era uno de los patrocinadores principales de este deporte y atrajo la atención del público en calidad de promotor y campeón. Ahora que la Comisión de Bolsa y Valores de EEUU (SEC, por su sigla en inglés) ha entablado un pleito civil en que le acusa de montar un “fraude enorme y persistente”, Stanford le ha hecho pasar una tremenda vergüenza al Consejo de Críquet de Inglaterra y Gales, uno de los receptores del dinero fraudulento del financiero.

No es la primera vez que una compañía o un magnate dudoso han sido patrocinadores importantes de competiciones deportivas. Hace un par de años, Calisto Tanzi, el ex jefe ejecutivo de la quebrada empresa alimentaria italiana Parmalat, apoyaba toda una serie de torneos. La compañía financió un equipo de Fórmula 1 durante muchos años y contrató a Ronaldo para que promocionara sus productos. A Tanzi le condenaron a 10 años de cárcel el pasado mes de diciembre por engañar a los inversores.

Igualmente, Enron, célebre por haber cobijado el fraude empresarial más grande de la historia, fue un patrocinador importante del equipo de béisbol de los Astros de Houston. En una ocasión accedió a pagar unos 80 millones de euros por el derecho de colocar su nombre en el estadio de los Astros.

Un primer ministro corrupto en el City
Después está Thaksin Shinawatra. El ex primer ministro de Tailandia, que huyó al Reino Unido después que le imputaran cargos de corrupción en su país, compró el Manchester City y lo vendió a una compañía de inversiones de Abu Dhabi.
Y si bien nadie acusaría a bancos quebrados como el Royal Bank de Escocia de delito alguno peor que la arrogancia y la estupidez, es notable que la entidad prestamista haya derrochado decenas de millones en acuerdos deportivos. En concreto, era uno de los patrocinadores principales del Seis Naciones de rugby.
La única sorpresa es que Bernard Madoff, el estafador por excelencia, no patrocinara directamente ningún evento deportivo.

Estos lazos entre deporte y empresarios o compañías dudosas arrojan dos importantes lecciones. Por un lado, si una empresa gasta sumas sospechosamente grandes en patrocinios, entonces es buena idea vender sus acciones, o retirar el dinero que uno tenga en sus fondos. La otra es que el deporte profesional se ha convertido en un vehículo por el que empresas dudosas tratan de legitimarse.

Que nadie crea que hombres como Stanford o Tanzi gastan millones en actividades deportivas por amor al arte. Casi siempre el patrocinio es un cálculo tan frío y preciso como cualquier otro hecho en un consejo de administración.
Publicado en Gaceta.es

2 comentarios:

Esteban dijo...

grandes estafas que destrozan el deporte, si nos libraran de estos inútiles... ojalá!

http://d-coleccion.blogspot.com/2009/03/just-fontaine-el-instinto-goleador.html

gerson dijo...

o esporte é dos melhores meios de lavar dinheiro, infelizmente.

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